Pintor de santos de alcoba…

Hoy me han recordado una noticia relacionada con un tema que discutimos recientemente en clase.

BanksyEstá protagonizada por Banksy, artista o colectivo, que personalmente admiro. El hecho relevante es que las protestas de los vecinos del barrio londinense de Haringey lograron suspender la subasta en Miami de un mural de Banksy arrancado de una de las paredes del barrio por el propietario del edificio, al sentirlo como propiedad comunal más que privada. El mural salía a subasta por unos 600.000 euros.

Analicemos un momento lo ocurrido paso a paso.

Banksy realiza un acto delictivo, pintando un muro sin autorización. El propietario lleva a cabo otro acto, legal aunque peor, a mi parecer, ya que arranca un trozo de pared y lo ofrece directamente o mediante intermediarios a la casa de subastas, que lo saca al mercado por 600.000 euros. Parece de broma.

Ya no es que nos encontremos ante una comprensión y absorción social de un acto delictivo en forma de tendencia expresiva y artística, el graffiti: es que se ha elevado a obra de arte de cotización desorbitada. Banksy dispara a la sociedad criticando el sistema y el propio sistema… ¡lo engulle! ¡O eso intenta! Por suerte, la repercusión del artista no sólo ha provocado este tipo de actos, también ha calado en la ciudadanía, sintiendo sus “gritos” como propios y permitiendo frenar el sinsentido de la subasta comentada. Al menos por el momento.

Este hecho me vuelve a hacer pensar en lo complicado que resulta mantenerse fuera el sistema. Se engancha como chapapote en todo aquello que puede tener brillo. La parte buena, como siempre, la protagonizan los ciudadanos. Ojalá fuera tan sencillo unirnos y ponernos de acuerdo en otras cosas.

Lo cierto es que se han efectuado subastas de otras obras de Banksy ¿Y qué opina el artista de todo esto? En su web encontramos la respuesta parafraseando a un conocido pintor: “¿Qué opinas sobre la venta de arte urbano en casas de subasta? Me sentí muy avergonzado cuando mis obras empezaron a alcanzar altos precios, me vi a mi mismo condenado a un futuro pintando únicamente obras maestras – Henri Matisse”

Tampoco se moja demasiado, la verdad… Y es que, a pesar de lo ya comentado, estas acciones le generan algunos beneficios colaterales. No ve un duro de las obras subastadas, pero su repercusión social crece. Por otro lado, puede pensar que quien compra ¿no estaría colocando en su salón una crítica (o insulto) hecha objeto? Habrá gente así de punk, pero muchos otros ni siquiera se habrán parado a pensar más allá de poder decirle a su vecino que tiene un Banksy en su casa.

Para acabar, os dejo con otro ejemplo de lo más curioso de aceptación social del graffiti. Son imágenes de la iglesia de mi pueblo de adopción. Sí señores, un graffiti recubre toda su fachada principal y un lateral. No son Banksys, pero si a alguno se le ocurre arrancar aunque sea un trocito, que los dioses le cojan confesado.

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·bananas·

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