Fully awake…

Arman_accumulation-seaux verseurs-1962-tôle-emailleeMe gustaría abrir un nuevo frente que podría estar relacionado con lo que hemos hablado en el último post…o no…como siempre, dependerá de cómo se mire.

La idea de ésta posible relación me surge a raíz de la lectura de varios textos y videos sobre temas relacionados con el surgimiento de algunas líneas de trabajo de varios artistas en EEUU que influirán en la creación de los Nuevos Realismos y posteriormente, incluso, del Pop Art.

A través de lecturas como El Acto Creativo, de Marcel Duchamp, extraídas de una conferencia allá por los años 50, se empieza a ver cómo el artista va perdiendo su papel protagonista para dejar ese lugar al espectador, que será quién realmente complete la obra artística. Buen ejemplo de ello será la obra de John Cage que influirá en la concepción de la obra de arte de una forma totalmente rompedora (aquí os dejo una de sus obras, llamada 4’33’‘). Sería imposible pensar este tipo de obras sin el espectador. No tendrían sentido. Para él la música estaba formada tanto por sonidos como por silencios y ninguno era más importante que el otro…En este caso, el ruido del público juega un papel muy importante, y cada vez que se represente la obra, será diferente.

También trabajará modificando su herramienta de trabajo, es decir, transformando el piano (Pianos Preparados), introduciendo objetos dentro de éste que harán que el sonido sea diferente, demostrando así que hay miles de formas de hacer música (y esto podemos aplicarlo a cualquier campo). Todo esto quizás tenga algo que ver con el tipo de formación que, tanto él como otros muchos artistas, recibieron en la Black Mountain College, una escuela altamente experimental en la que no se ponían trabas a la creatividad. Los Nuevos Realistas volverán su mirada hacia la realidad, trabajando a partir de objetos de consumo. Ponen en marcha una concepción muy distinta de la obra de arte en la que el artista, la mano que ejecuta, se separa de la obra…

En un sentido más amplio, podríamos encontrar ciertas similitudes con la tendencia que ha habido a lo largo de la historia y a través de la introducción de la tecnología en distintos procesos, artísticos o no, en el sentido de separar a la persona que crea de la obra creada… En el caso que pretendo tratar con este post, esa separación es muy positiva, en cuanto a que se utiliza para provocar algo que no podría provocar un objeto con su aura intacta.

·bananas·

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3 pensamientos en “Fully awake…

  1. Muy interesante el post, i.
    Estas formas de arte, desde luego, dan mucho lugar al debate, por cuanto bailan en la línea roja que separa la genialidad de la tomadura de pelo.
    Desde luego, ubicar esta línea no es fácil y haremos bien en no ser tan cómodos de llevarla a un extremo u a otro. Nos podría llevar directos al “eso también lo hago yo”, que dice mi tía ante un Miró. Pero también a una acrítica fascinación por lo “rompedor” y finalmente al “todo vale”.
    Es cierto que el espectador gana protagonismo, pero no estoy de acuerdo que sea en detrimento del artista. Al contrario, lo que sale empequeñecido es precisamente la obra de arte.
    El papel del artista es el que creo que sale fortalecido. La prueba es que la misma relevancia de la obra depende de QUIÉN la haya realizado. Dos obras exactamente iguales, pueden estar en el MoMA o ser absolutamente ignoradas, en función de quién sea su autor. No se valora entonces el resultado en sí, sino lo que hemos de suponer que el artista estaba pensando en el proceso de creación. De acuerdo, da al espectador un papel, pero podría decirse que cercano al de un telépata, mediador con el creador. El factor decisivo es el artista, la confianza que tengamos en él y en que su obra no sea un fruto del azar reinterpretado a posteriori.
    Desde luego, otro rol que se agiganta es el de los programadores, que son quienes deciden qué artistas son tan “sinceros” como para que su obra, quizá carente de habilidades técnicas o atractivo estético, sea puesta en un museo y, por tanto, ya definida de entrada como Arte.
    Porque de acuerdo que fue un punto de Duchamp presentara a principios de siglo un retrete firmado. Genial. Pero ¿por qué me sigo tropezando en museos con objetos descontextualizados (sillas, neumáticos, cuadros en blanco…) y he de seguir aceptando que es Arte? ¿Puedo ir yo al MACBA con una sarten y esperar ver mi cara en la próxima portada de Time?
    De la misma manera, cuando el componente Azar se impone al de la Voluntad, ¿estamos ante Arte o ante Naturaleza? Uno se puede extasiar mirando un cuadro de Pollock, pintura distribuída casi aleatoriamente sobre un lienzo. Pero si no hay voluntad tras ello, si la distribución de esos colores responde a la suerte, quizá no es más arte que la forma de las nubes o los reflejos del sol sobre la superficie del mar.
    Por supuesto que hay una idea rompedora detrás, pero si la ejecución no es importante, tendría que ser tan valioso el Cuadrado Negro de Malevich o 4:33 de Cage, como una copia que de esto hiciera cualquier otra persona.
    A pesar de lo que pueda parecer, me atrae el arte contemporáneo. Pero defiendo que si lo único importante es la idea, quizá estas personas no son realmente artistas, sino filósofos del Arte. En algún caso, brillantes, desde luego.

    • Hola Lazslo!!!

      Vaya comentario guapo y crítico!! Muchas gracias!

      La sospecha de que te están tomando el pelo con estas obras tan innovadoras creo que es común para todos los mortales.

      Y es que, en mi opinión, tenemos una “expectativa” de arte y de belleza. Esta preconcepción de lo que es buen arte o bello hace que, al experimentar obras como las comentadas, se nos quede un cuerpo muy raro. Pero, en realidad… ¿qué es buen arte? ¿Existe una belleza total y objetiva? Estaremos de acuerdo en que no.

      Entonces es cuándo entramos en otro complicado tema que has comentado, Lazslo. ¿A ver por qué motivo la “Institución Arte” decide una obra descartando a otra? ¿Es por criterios técnicos que no compartimos o comprendemos, por modas, por amiguísimo con el artista…? ¡Cada motivo da más rabia que el anterior!
      Por no entrar en el campo de la especulación… ¿Cuánto mejor es una obra que otra? ¿Tanto como esté alguien dispuesto (o pueda) a pagar por ella de más? Qué sinsentido…

      Yo creo que lo que debería considerarse para valorar es la intención y coherencia que haya detrás de la obra, que permitan que el el artista desarrolle una continuidad lógica en su trabajo y que sus creaciones no sean fruto de un acertado azar.
      En este sentido, encuentro muy acertada tu propuesta, Lazslo, de otorgarles un rol de filósofos a los artistas contemporáneos. Aunque, eso sí, no dejaría de llamarles artistas, siempre y cuando plasmen esta filosofía ya sea en una obra, un nuevo lenguaje o, incluso, en un acto experimental y bizarro como el de John Cage.

      ¡Hasta pronto!

      – d –

  2. Uuuuhhhhh… Este tema puede dar para mucho… Gracias i por sacarlo a colación y por los ejemplos… ¡¡qué narices las del Sr. Cage!!

    Comentaré una reflexión que me ha surgido al leer el post en relación con la separación entre obra y artista y la intervención del espectador en el acto de creación, generando obras novedosas no comparables con un objeto+aura.

    Bien. Voy a ir un poco más allá. O bastante… si me paso, haced el favor de echarme un cable para volver…

    El artista decide crear una obra única, vivencial, fruto del azar y de involucrar al público, con la intención de generar un impacto mayor en el “espectador-creador” y de otorgarle un regalo más “valioso” que el simple contemplar pasivo de una obra.
    Con esta decisión, la obra deja de ser un objeto apilable, almacenable, coleccionable e, incluso, susceptible de especulación, para convertirse en un Momento y un Lugar Irrepetibles.

    Ahora viene cuando me voy. ¿No podría ser, acaso, este Momento-Lugar el estado más puro del aura? Cuando Morris o Ruskin describen de un objeto con aura, están admirando la sensación “viva” que desprende la cosa y todo lo “humano” que el artista inevitablemente le ha aportado, generándole una capacidad incluso catártica. Igual que Benjamin con su “aquí y ahora” que denota la más pura autenticidad que pueda tener una obra…
    Y yo me pregunto ¿qué puede aportar un artista más humano que una vivencia directa?

    He aquí mi ida de olla del día. Ya diréis qué os parece.

    Por mi parte, me voy a cenar algo, que creo que me falta azúcar en sangre.

    Bona nit!

    – d –

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