En casa de herrero

A raíz de las lecturas de fragmentos de los siguientes textos: “Las siete lámparas de la arquitectura” de John Ruskin, publicada en 1849 y “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” de Walter Benjamin, publicado en 1935, quiero plantear una pregunta a los lectores de este blog.

A aquellos que no tengáis tiempo de mirar los textos originales, intentaré situaros a partir de un resumen muy escueto de cada uno, que encontraréis al final de la entrada.

Bien, la cuestión que quiero plantear se centra en cuán importante es la artesanía en una obra. En concreto me refiero al dilema sobre si es mejor una obra realizada a mano que otra hecha a través de una máquina.

No cabe duda que la primera requiere un esfuerzo y una destreza mayores, pero ¿qué importancia tiene entonces la idea? Si dividiéramos la creación en dos roles ¿cuál tendría más valor, el del que tiene la idea o el del hacedor?

cazo-esmaltado-908674bnYo, una nostálgica empedernida, (que aún me caliento la leche en un cazo, a pesar de tener microondas, por aquello de que “como antes, sabe mejor”…), estoy de acuerdo con Ruskin y Benjamin en lo relativo a mantener la autenticidad y alejarme de la frialdad que envuelve el mundo moderno. También defiendo la importancia de un trabajo hecho con cariño y dedicándole todo el tiempo necesario. Por seguir con los ejemplos culinarios, no es lo mismo un bistec de ternera del Mercadona que uno que provenga de una vaca criada en una granja biodinámica.

Pero, por otro lado, me niego a perderme los avances tecnológicos, me niego a anclarme en el pasado. Primero, porque nos multiplican las posibilidades de desarrollo de una idea, y segundo, porque creo en que el grado excelencia de la misma será lo que acabe definiendo el valor de la obra.

¿Qué opináis? Porque yo no acabo de decidir el porcentaje de importancia de cada rol… Aunque a estas horas del domingo… poco puedo decidir ya…

Por cierto, para aquellos que aun no hayáis cenado, si queréis probar una comida biodinámica, os puedo recomendar el restaurante NO NO NO en Barcelona. Es carete… ¡¡pero está delicioso!!

¡Buenas noches amigos!

·bananas·

Resúmenes:

Ruskin, se centra en defender un anclaje a la antigüedad y a sus principios básicos del arte, negando, en concreto, la posibilidad de incorporar el hierro en la arquitectura por dos motivos. El primero es tan sencillo como que en épocas anteriores no se utilizaba. Y el segundo se basa en su creencia de que todo buen trabajo debe realizarse a mano para dotarlo de aura. Aquellas obras realizadas con máquinas tienen, para J. Ruskin, una frialdad que las convierte inmediatamente en obras inferiores a las manuales, imperfectas pero impregnadas del alma del artista.

Walter Benjamin, por su parte, expone la liquidación del valor de la tradición en la herencia cultural y el atrofiamiento del aura en las obras a partir de la innovación técnica. En particular desarrolla su tesis en torno a los avances tecnológicos que han permitido la reproducción de las obras. Defiende que el original no pierde su valor de auténtico, pero cada copia deprecia el “aquí y ahora” originario que dotó de importancia a esa obra. Benjamin añade, también, la repercusión de la aparición del cine en el arte. La fugacidad y no perdurabilidad de este medio, junto con la posibilidad de reproducir los originales ilimitadamente provocan, en la obra, una desvinculación total de la tradición, conmocionándonos y añadiendo pólvora a la crisis de valores de principios del s. XX, tan similar a la que vivimos actualmente.  

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6 pensamientos en “En casa de herrero

  1. “Creemos, no obstante, que la mala suerte se ha seguido cebando con Benjamin igualmente tras su muerte, otorgando a su obra, por una parte, y en particular a La obra de arte en la época de su
    reproductibilidad técnica, una relevancia que el autor jamás hubiera soñado en vida, pero
    asignándole, por otra, una serie de significaciones que no sólo escapan sino que subvierten
    radicalmente el sentido explícito de su pensamiento, al no reparar en el carácter esencialmente
    dialéctico del mismo. Así, mientras los nostálgicos de un arte tradicional y aurático han
    pretendido convertir a Benjamin en una especie de melancólico paladín de una concepción
    romántica y burguesa de la obra de arte, peligrosamente amenazada por la aniquilación
    deshumanizadora que suponen los avances técnicos, los no menos diletantes defensores de las
    rupturas de vanguardia, lo han convertido en el profeta de una nueva religión cuyo único
    mandamiento es la innovación a ultranza. Desde nuestro punto de vista, ambos comparten una
    perspectiva exclusivamente estética que a Benjamin sólo le interesa subsidiariamente, como
    síntoma de otras realidades más determinantes y substanciales. “

    • Muchas gracias por tu aportación, Manuel.

      Nos sirve para recordar el adorable carácter poliédrico de los individuos, en especial, de aquellos con un grado de sensibilidad como el del autor alemán.

      Ciertamente, entiendo que Benjamin iba mucho más allá de cuestiones estéticas al hablar de estos conceptos. Incluso, corrígeme si me equivoco, de alguna manera, defendía la teoría de la modernidad presentada por Baudelaire y las vanguardias como mecanismo liberador y transgresor, que, al mismo tiempo, permitieron recuperar la autenticidad, el sentimiento puro y primitivo olvidados por la Revolución Industrial. Y, precisamente, esta autenticidad, sería la que permitiría sacar la cabeza por encima de las durísimas barreras sociales y políticas de su tiempo, haciendo evolucionar a la sociedad, que es en realidad el mejor fin de cualquier arte o proyecto.

      – d –

  2. Muy interesante el post, D. Me voy a atrever a intervenir, jeje.

    Tengo un conocimiento nulo de las artes plásticas, así que intentaré hablar como lector de novelas, que es el tipo de arte que más consumo.

    Entiendo que la escritura implica superar el platonismo: no ensimismarse ante la (supuesta) perfección de la idea. El que lleva la idea a la práctica y lo hace con el conocimiento de la técnica es quien consigue darle valor. Una idea malograda por la mala praxis es inocua. Una novela bien escrita pero falta de ideas se dice que es poco inspirada: puro ornamento y, básicamente, un coñazo.

    Es por esto que, hasta hoy, lo que he visto de arte conceptual me parece una tomadura de pelo bastante importante. Lanzar ideas sin llevarlas a la práctica es un ejercicio de egocentrismo insoportable. Es considerar la superioridad de las ideas propias sobre las del resto cuando ni siquiera se es capaz de darle forma. Le concedo más valor al cenicero de barro de un niño de primaria que a la idea más brillante del especulador que nada hace.

    En cuanto a la herramienta utilizada para realizar la obra, creo que importa poco que sea un ordenador, una máquina de escribir o la propia mano mientras se tenga un conocimiento profundo de la misma. Como lo desconozco, no sé si ésto es igual en el campo de las artes plásticas, así que os lo dejo a vosotras 😉

    Un abrazo!

    • Hola Lemmon Brother, un placer volver a verte por aquí!

      Es un apunte muy interesante el tuyo, al darle una visión literaria al debate. De todas maneras, no me acaba de quedar muy claro cuál es tu postura.
      Me explico. Parece que le restas importancia a la idea en pro de la acción, pero, por otro lado, estás de acuerdo con que, si no hay una buena idea detrás, la obra carece de contenido, no nos hace vibrar.

      Sea como sea, me quedo con tu crítica a aquellos que “lanzan ideas sin llevarlas a la práctica”. De hecho ¿cuántas ideas geniales se han llevado a la práctica obteniendo resultados mediocres…? ¿Cómo es posible valorar una idea hasta que no se hace realidad?

      Seguiré dándole vueltas al tema… eso sí, si se me ocurre algo, intentaré llevarlo a cabo antes de valorarlo!

      – d –

  3. Buenos días de martes, adorados lectores! (qué solemne me ha quedado esto)…

    Quería añadir alguna cosilla a raiz de los comentarios que ha generado este post.
    He de decir que, como ya ha señalado Manuel en su comentario que venía sucediendo a lo largo del tiempo, yo también me quedé con una opinión…digamos parcial y no errónea, del discurso de Benjamin y lo que realmente quería decir en La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica. Es a raíz de la lectura de un artículo de la revista Fedro (gracias Manuel por recordarnos un fragmento) que he acabado de comprender lo que realmente pretendía éste texto. Y es que puede pasar desapercibida su intención (si no se lee en profundidad y entre líneas) más política que estética en el sentido de que la reproducción técnica de una obra de arte puede enmarcarse dentro de un plano exclusivamente materialista de las condiciones de producción de mercancías. Ésto podría conseguir que, al perder el aura que confería a la obra de arte el hecho de ser única, se transformasen las condiciones políticas y sociales de forma que ya no fuese necesario aferrarse al carácter idealista de la obra de arte. ¡Seríamos libres!
    No hay que olvidar, por otra parte, que Benjamin desarrolla su obra dentro de un contexto de cambios en el que la técnica va a comenzar a tener un papel muy importante.
    Actualmente, podemos observar que la teoría de Benjamin no se ha cumplido, puesto que el aura de la obra de arte ha acabado “colándose” incluso en aquellos medios en los que Benjamin nunca hubiese imaginado, como por ejemplo el cine de autor o las películas de culto que, como bien dice el artículo que ya he nombrado de la revista Fedro, son términos que se contradicen según el pensamiento de Benjamin.
    De todo esto me quedo con que Benjamin supo situarse en la línea del mundo que comenzaba a surgir, confiando en que daría las herramientas para acabar con el pasado que aun se resistía a desaparecer a través del arte. Sin embargo, para ello no necesariamente habría que renunciar a los elementos que éste contenía, sino que podrían democratizarse y así ser disfrutados por las masas a través de las posibilidades que la reproducción técnica ofrece.

    Saliendo del tema, me parece muy interesante también la aportación de Lemmon Brother ofreciéndonos otro punto de vista, en este caso el del mundo editorial y literario…Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo en cuanto a que una idea, si no se lleva a cabo es menos válida que otra que sí se realiza…de hecho, siempre me ha parecido muy interesante el arte conceptual en ese sentido. Puede haber ideas que simplemente por haberlas formulado ya son grandes…y no necesitan llevarse a cabo para que surtan efecto…

    Ale! A pasar un buen día!

    – i –

  4. “En concreto me refiero al dilema sobre si es mejor una obra realizada a mano que otra hecha a través de una máquina.”

    Como siempre digo las comparaciones no son nada buenas y creo que este no es un caso aislado. No creo que una sea “mejor” que la otra, en lo que si que creo, es en los valores que transmite cada una de estas, ya que indirectamente queda reflejado en la sociedad.

    Retomando el punto muy interesante que plantea Lemon Brother sobre el egocentrismo. Creo que todo artista sea grande o pequeño es egocéntrico, es como una ley no escrita.
    Bajo mi punta de vista el egocentrismo de Ruskin es palpable, ya que el plantea que el simple hecho de que un trabajo este realizado (bien o mal) pero al fin y al cabo realizado por un artesano, cuyas imperfecciones son “perfectas”, lo reduce todo a una superioridad del individuo a un punto casi espiritual, donde el lo denomina como “el aura”. Automáticamente todo lo demás queda menospreciado.

    Por otro lado, Benjamin no defiende tanto un nivel individual, si no que ve el gran IMPACTO socio-cultural que plantea las nuevas tecnologías, por supuesto que cada desarrollo tecnológico cambiaba el mundo, cuando este era utilizado por todos y no solo por unos cuantos artesanos. Esta actividad tecnológica masificada y llevada a gran escala influye directamente en un progreso social. La tecnología ya no son grandes inventos hechos por un individuo si no bienes y servicios desarrollados por todos y para todos. (I+D) jejejeje

    Un saludo wikis!

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